jueves, 28 de octubre de 2010

Al atardecer

El sol empieza su recorrido después del zenit, un calor abrasador mezclado con un aire que trae de lejos los sueños de tanta gente. Bajo la escultura de otro nefasto militar se acumulan personas que buscan un breve receso a la fatiga diaria. 


Dormitando recostado sobre las escaleras los sueños de un padre se elevan mientras observa a sus pequeños correr por el parque. Un viejo, vestido casi en harapos con una trompeta en la mano hace sonar algunos acordes que llaman la atención de aquellos que pasan.


Cada persona que se encuentra acá en silencio o conversando dan vida a uno de los puntos mas emblemáticos de esta vieja ciudad, pobres sobre todo sin comprender la totalidad y magnificencia de su existencia luchan día tras día por sobrevivir. 


Una armónica suena elevando las conciencias a un espacio que denota nostalgia, los años corren y cuando menos se espera nos vemos envueltos por el poder de cronos; la vida pasa y en este mundo lo único que importa es la forma en que hemos disfrutado la existencia. Tres generaciones convergen rompiendo con el limite del tiempo, ahora al compás de la guitarra de un corrido traído del campo una voz gastada devuelve a todos a su realidad. 


Algunos retoman su camino, otros empiezan a llegar, en unas horas la noche caera y los sueños dormiran esperando iniciar acompañados de una nueva aurora; seres que viven, seres que luchan, caminantes de caminos que de alguna forma llevan a la libertad. 

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