domingo, 28 de agosto de 2011

Plenitud

La luz de una vela brillaba en medio de la oscuridad, el humo de un cigarrillo cubría la habitación, su mirada se perdía en la ventana observando a la distancia un mundo que al parecer, sabia que esperar en aquel momento.

Sintió pasos que se acercaban y sin volver la mirada un cuerpo desnudo y tibio rozó su espalda desnuda, el calor de una piel distinta a la suya lo devolvió al lugar donde se encontraba, dos manos suaves tocaban tímidamente su cuerpo mientras a cada segundo y cada centímetro de piel recorrida su sangre ardía esperando el momento en que la pasión explotara por completo.

Rozó su pecho, y su mano dirigida por la gravedad se condujo por el camino que la llevó a conocer la fuerza de ese hombre que compartía no solo anelos, si no, espacio, tiempo, piel y aire respirado; en aquel momento dibujó de nuevo cada linea, incluso aquellas que el pudor esconde.

Sus miradas se cruzaron y llevados por la fuerza misterioso del amor fundieron sus almas en un beso que los transportó miles de años atrás, en el tiempo, hacia donde no existía vergüenza, a donde el hombre y la mujer podían correr desnudos y apreciar sus cuerpos sin dejar nada a la imaginación, se sintieron bañar por una cascada virgen que compartía la fuerza de la vida, volaron con el viento a los rincones de la tierra.

Se aferraban a este mundo apretando sus manos que entrelazadas buscaban con cada dedo sellar aquel momento, en cada suspiro, en cada gemido,  se completaba la historia escrita en cada átomo de su cuerpo. Con la mirada fija uno en el otro, gotas de sudor recorrían su rostro e inundaban todo su cuerpo. Como una nueva constelación nace, así también nace la vida...

Ella intentó decir una frase, pero antes que sus labios se abrieran fue callada con un beso, cubierta con brazos de guerreros y adormecida como vuelo en nube. El dibujó en su rostro una sonrisa al apreciar la desnudez del cuerpo de aquella que devolvió la alegría, el sentido, esa mujer que devolvió el amor...