La angustia era inexplicable, ese sentimiento de opresión se apoderaba a cada minuto mientras la noche se acercaba, el temor de encontrarse una vez mas en esa situación era incomparable, pero también era incomprensible aquello que la obligaba a quedarse allí.
La rutina hacia desaparecer aquello, o al menos así era al principio; pero como un veneno que llega lento al cuerpo las sombras poco a poco inundaban aquel ser que antes estaba lleno de luz.
Cayo la noche, las estrellas brillaban como nunca en el cielo y por un momento inmersa en aquella imagen pudo sentir un halo de esperanza. Suspiró y recordó en aquel instante todos aquellos momentos que la habían hecho sonreír, como lienzos viejos las imágenes parecían tornarse oscuras y cada vez era mas difícil distinguir entre un recuerdo y otro.
Y de nuevo, inicio el sudor en medio de aquella noche fría, sintió como esos pasos acercaban las presencias de los fantasmas, la luna misma había dejado de brillar, no era mas que una sombra que hacia aquel momento mas tenebroso.
Escuchó un susurro, y la piel entera se estremeció como movida por el mismo diablo, las voces se apoderaron de todo y el silencio fue roto por los chillidos y lamentos. Uno a uno los fantasmas la rodeaban anunciando la llegada de aquella criatura sin piedad; ¿cómo poder ver de nuevo ese rostro? ¿Cuanto tiempo más habría de soportar su alma? ¿Cuanta luz quedaba en ella para alimentar a aquel ser de la oscuridad?
La respuesta llegó, no pudo siquiera externar en un grito el dolor que sentía mientras su corazón era arrancado de golpe, sus carnes rasgadas y cada célula de su cuerpo rota por la mano de aquello abominable que odiaba la libertad.
Y así fue, el ultimo residuo de luz se apagó, la ultima gota de esperanza quedo en aquella lagrima que alcanzó a tocar el suelo y después de eso...
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